Categorías
Desarrollo Personal

¿Qué hay para mí en esto?

Levante la mano a quién no le asignaron o tuvo que hacer algo aburrido, denso o molesto en el trabajo (o en la casa). Esas cosas que provocan que tus pies o manos pesen toneladas y que te arrastres como una babosa mientras intentas realizarlas.

Hace años un mentor me compartió una pregunta que fue clave para desbloquear este tipo de momentos.

¿Qué hay para mi en esto?

La idea es simple. En vez de concentrarme en lo molesto del asunto, el foco pasa a: «¿Qué puedo ganar yo de esta experiencia?»

Y esa simple pregunta cambió todo.

Lo que antes veía como una pérdida de tiempo, ahora lo veía como una oportunidad para dominar un proceso que ninguno de mis colegas conocía. Me convertí en «el experto» en algo que todos evitaban. ¿El resultado? No solo ganó mi curriculum, sino que mi posición en la empresa se fortaleció.

Mentalidad «¿qué hay para mi?» en el día a día

La próxima vez que te toque hacer algo que no te copa mucho, probá hacerte estas preguntas:

  • ¿Qué nueva habilidad puedo aprender o desarrollar con esto?
  • ¿Qué contactos o relaciones me van a quedar en el proceso?
  • ¿Cómo me posiciona esto frente colegas en mi industria?
  • ¿Qué conocimiento nuevo y valioso voy a adquirir?

El trámite engorroso que se transformó en expertise

Te comparto algo que me pasó: hace unos años tuve que dar de alta y configurar un Business Manager de Meta. Para el que lo hizo alguna vez, puede ser algo un poco abrumador la primera vez. Uno ya estaba acostumbrado a los roles de páginas y cosas así.

En lugar de quejarme, me pregunté: «¿Qué hay para mí en esto?»

La respuesta fue clara: al dominar ese proceso complicado, podría asesorar a futuros clientes y ofrecerles un mejor servicio. Lo que comenzó como una tremenda molestia terminó convirtiéndose en algo que manejo muy bien gracias a la cantidad de veces que tuve que hacerlo. Esto es un servicio adicional que ofrezco y que me distingue de mis competidores.

Nota para Meta: dejen de cambiar siempre todo. jajaja

Transformando obstáculos en escalones

Cuando adoptás esta forma de pensar, estás haciendo dos cosas poderosas:

  1. Transformás lo obligatorio en opcional: psicológicamente, ya no sentís que «tenés que» hacer algo, sino que «elegís» hacerlo por los beneficios que te traerá.
  2. Creás un círculo virtuoso: cada tarea difícil te deja algo valioso, lo que hace que la próxima sea más fácil de encarar con positividad.

Más allá del trabajo…

Esta mentalidad no se limita al ámbito laboral. En realidad es aplicable en todas las esferas de la vida.

  • Tareas hogareñas: ¿Tenés que limpiar la casa? Quizás es la oportunidad perfecta para escuchar un podcast o de ordenar por fin el placard para dejar lugar para lo nuevo.
  • Reuniones familiares: ¿Una reunión familiar que preferirías evitar? Tal vez sea el momento ideal para charlar con esa persona de la que no sabés nada.
  • Trámites: Cuesta encontrar algo en esto jajaja pero cada proceso que dominas es algo que podés compartir. ¿Quién no tuvo al primer valiente en comprar online en USA alguna vez y hacer los trámites en aduana?

Un cambio de perspectiva que necesitás para crecer

Lo más fascinante de preguntarte «¿qué hay para mí en esto?» es cómo cambia radicalmente tu enfoque: de víctima de las circunstancias a arquitecto de tu propio desarrollo.

En un mundo cada vez más competitivo, esta habilidad de encontrar valor personal en cada tarea puede ser la diferencia entre sentirte estancado o en constante crecimiento.

¿Por qué funciona tan bien?

Esta técnica funciona porque conecta directamente con nuestra motivación intrínseca. Cuando vemos un beneficio personal claro, nuestro cerebro libera dopamina, haciéndonos sentir más motivados y satisfechos.

No se trata de ser egoísta, sino de reconocer que para dar lo mejor de nosotros en cualquier tarea, necesitamos encontrar un propósito personal.

Comenzá hoy

Te propongo un desafío: elegí esa tarea que venís postergando (todos tenemos alguna) y preguntate sinceramente: «¿Qué hay para mí en esto?«. Puede sorprenderte lo que descubras.

Categorías
Desarrollo Personal Productividad

Ownership: Por qué hacerte cargo de tus tareas cambia todo

El último año decidí dejar mi puesto de delantero en el equipo de los miércoles y jugar abajo. ¿El motivo? No estoy pudiendo seguir mi marca cuando el defensor pasa al ataque.

¿Alguna vez te sentiste como yo? Ese jugador que mira al rival pasar sin decidirse a marcarlo. En mi vida laboral me pasó varias veces. Y no te voy a mentir, todavía a veces me atrapa esa sensación de no querer asumir 100% la responsabilidad de ciertos proyectos. Pero llegué a entender algo crucial: el ownership no es negociable si querés resultados extraordinarios.

Así como en el fútbol, en los equipos de trabajo cada uno tiene que hacerse responsable de su parte por el bien del equipo.

Tengo algo personal contra aquellos que esquivan responsabilidades. Cada vez que veo a alguien hacerse el distraído cuando hay que rendir cuentas, una alarma se dispara dentro de mí y me pregunta: «¿por qué dejamos que esto pase?».

Dar la cara: el precio de la excelencia

Hay un fenómeno psicológico fascinante que ocurre cuando sabés que tenés que dar cuenta de tus acciones frente a otros. La calidad de tu trabajo mejora exponencialmente.

No es magia. Es que ahora hay algo más importante en juego: tu reputación.

En Heaven, mi trabajo, tenemos una dinámica que refleja este concepto a la perfección. Todas nuestras tareas están cargadas en Asana y cada mañana, en nuestra daily catchup, cada uno tiene que dar cuenta de sus avances.

Lo que tienen las metodologías ágiles es que podés hacerte el distraído con un tema por un par de días, pero a la larga, se nota rápidamente quién no está trabajando responsablemente o entregando valor.

Esta verdad brutal la aprendí después de más de una década trabajando en equipos.

El efecto ownership en números concretos

Pensalo así: si hay 100 personas en una organización y cada una asume total ownership de sus tareas, la productividad no se multiplica por 100. Se dispara exponencialmente porque eliminás el costo oculto de la supervisión constante y las tareas abandonadas.

¿Sabés cuánto tiempo y dinero se pierde buscando «quién se hace cargo» de los problemas que aparecen?

Según el Project Management Institute (PMI), aproximadamente el 11.4% de los recursos se desperdician debido a un desempeño deficiente en los proyectos, y una de las principales causas es la falta de responsabilidades claramente definidas. (link)

También hay un estudio de Gallup que indica que solo el 30% de los empleados se sienten comprometidos en el trabajo, y cuando las responsabilidades son ambiguas, este porcentaje disminuye significativamente, afectando la productividad.

McKinsey & Company publicó investigaciones que sugieren que las organizaciones con roles y responsabilidades claramente definidos son 1.5 a 2 veces más efectivas que aquellas donde las responsabilidades son ambiguas.

Es como tener 30 personas de cada 100 dedicadas exclusivamente a arreglar lo que otros no asumieron como propio.

La anécdota del proyecto fantasma

Te comparto algo que me pasó hace unos años y que me hizo entender la importancia del ownership de manera dolorosa.

Estábamos desarrollando una nueva funcionalidad crítica para nuestra plataforma de e-commerce. El proyecto tenía varios componentes y, aunque había un «responsable» asignado, nadie era realmente dueño del resultado final.

Cuando llegó la fecha de lanzamiento, la funcionalidad falló estrepitosamente. Lo peor no fue el fallo técnico, sino lo que vino después: un desfile de excusas y dedos señalando a otros.

«Yo hice mi parte, pero X no terminó lo suyo» «Nunca quedó claro que yo tenía que probar esa integración» «Pensé que alguien más se iba a encargar de esa validación»

Ese día aprendí una lección cara: cuando todos son responsables, nadie es responsable.

A partir de ese momento, implementamos el concepto de «owner único» para cada iniciativa. Una persona que da la cara ante el éxito o el fracaso, independientemente de cuántos colaboren.

La diferencia entre ser asignado y ser owner

Hay una diferencia abismal entre que te asignen una tarea y que te conviertas en su owner. Y es una diferencia que se nota al toque en los resultados:

Te asignan una tareaSos owner de una tarea
«Tengo que hacer esto»«Voy a lograr este resultado»
Enfoque en cumplirEnfoque en impactar
Preguntas: «¿Está bien así?»Afirmas: «Esto funciona y puedo demostrarlo»
Buscás aprobaciónBuscás feedback para mejorar
Te detenés ante obstáculosEncontrás caminos alternativos

¿Te identificás más con la columna izquierda o con la derecha? No hay vergüenza en reconocer dónde estás ahora. Lo importante es hacia dónde querés moverte.

Cómo cultivar una mentalidad de ownership

Desarrollar ownership no es algo que ocurre de la noche a la mañana, pero podés empezar con estos pasos:

  1. Elegí conscientemente tus compromisos: Es mejor tener pocas responsabilidades asumidas al 100% que muchas a medias.
  2. Documentá tus decisiones: No para cubrirte, sino para clarificar tu pensamiento y compartir el conocimiento.
  3. Celebrá tus victorias Y tus fracasos: Ambos son tuyos, ambos te enseñan, ambos te hacen crecer.
  4. Buscá referentes: Rodeate de personas que vivan el ownership como filosofía y aprendé de ellas.
  5. Empezá por lo pequeño: Convertite en el dueño indiscutido de algo simple antes de asumir responsabilidades mayores.

El efecto dominó del ownership

Lo más fascinante del ownership es su naturaleza contagiosa. Cuando una persona en un equipo empieza a mostrar verdadero ownership, genera un efecto dominó que eleva a todo el grupo.

Es como ese jugador de fútbol que se tira a recuperar una pelota imposible y contagia al resto del equipo con su actitud. De repente, todo el equipo juega con otra intensidad.

Yo lo vi pasar en mi equipo más de una vez. Por eso, cuando contratamos gente nueva, buscamos esa chispa de ownership incluso más que las habilidades técnicas. Lo técnico se aprende, pero esa actitud de «me hago cargo» es algo mucho más difícil de cultivar desde cero.

La paradoja liberadora del ownership

Parece contradictorio, pero asumir 100% la responsabilidad te libera. Te libera de la incertidumbre, de la ansiedad de no saber si estás haciendo lo correcto, de la frustración de depender de que otros se muevan primero.

Cuando sos owner, tomás las riendas. Y aunque eso significa que la culpa de los fracasos es tuya, también significa que el mérito de los éxitos te pertenece.

¿Y vos, de qué te hacés cargo?

Si llegaste hasta acá, te invito a un pequeño ejercicio de reflexión:

  1. ¿De qué proyectos o responsabilidades sos realmente owner hoy?
  2. ¿En cuáles estás operando en «modo asignado»?
  3. ¿Qué cambiaría en tu día a día si asumieras total ownership de lo más importante para vos?

La diferencia entre las personas que admiro y las que no suele estar en una simple pregunta que se hacen constantemente: «¿De quién es la responsabilidad de que esto salga bien?». Y si la respuesta no es «mía», algo está fallando.

Porque al final, como aprendí después de muchos aciertos y errores, el ownership no es una técnica de gestión. Es una decisión de vida.

Categorías
Desarrollo Personal

Por qué deberías buscar la crítica en lugar de evitarla

Todavía recuerdo la primera vez que hablé en público para una materia de la facu. Me había preparado mucho y estaba convencido de que iba a estar genial. Impecable. Y cuando terminé mi profe me destruyó en cinco minutos frente a toda la clase.

¿Te acordás de esa sensación en el estómago? ¿Ese calor que te sube por la cara cuando alguien señala tus errores frente a otros?

Horrible, ¿no?

Pero hoy te voy a contar por qué esa sensación es exactamente lo que deberías estar buscando.

La paradoja que pocos entienden

Tengo algo para confesarte: me gusta más que me digan lo que hago mal que lo que hago bien.

Suena masoquista pero dejame que te explique.

La mayoría de la gente pasa su vida evitando situaciones donde puedan ser criticados. Construimos burbujas de seguridad donde recibimos aplausos constantes:

  • Seguimos a gente que piensa como nosotros
  • Nos rodeamos de amigos que nos dicen que todo lo que hacemos está bien
  • Buscamos trabajo en equipos donde nuestras ideas nunca son cuestionadas

Y después nos preguntamos por qué nos cuesta tanto avanzar.

El elogio es dulce veneno

Me encanta como hablan los directores deportivos como Bielsa, Cachito Vigil o Guardiola del éxito y del fracaso. Se nota que tienen una mirada diferente. El concepto que ronda es el mismo: el éxito no te enseña nada. El elogio no aporta tanto como la crítica.

Cuando alguien te dice «¡Qué buen trabajo hiciste!», ¿qué aprendés? Absolutamente nada. Te sentís bien, claro. Tu ego se infla como un globo. Pero no crecés ni un milímetro.

Es más, el elogio constante es peligroso. Te nubla. Te hace creer que ya llegaste cuando en realidad apenas estás empezando el camino.

Entre nosotros: ¿No te pasó alguna vez que después de recibir muchos elogios por algo, bajaste la guardia y la calidad de tu trabajo empeoró?

A mí me pasó mil veces.

La matemática del crecimiento

Pensalo un segundo: si tenés razón el 80% del tiempo, eso significa que estás equivocado el 20%.

Ese 20% de equivocaciones es tu mina de oro. Es exactamente donde están todas tus oportunidades de mejora.

Pero si nadie te las señala, si vos mismo te negás a verlas, ¿cómo vas a mejorar?

Voy a ponerte un ejemplo personal. Cuando empecé a escribir canciones, las primeras eran… bueno, un desastre. Ideas inconexas, estructuras que no llevaban a ningún lado, y melodías simples, raras o muy similares a canciones existentes y hasta cambios de tempo… jajaja

Podría haberme quedado con los comentarios de mis amigos: «Está bueno, seguí así». Pero en cambio, busqué conocidos y amigos que fueran brutalmente honestos. Y los encontré…

Cuesta que algo que hiciste y que te parecía «brillante» sea criticado. A veces duele, y a veces duele mucho.

Pero ese dolor me hizo crecer más y llegar a mejores resultados de lo que hubiera logrado sin haber tenido su mirada.

El arte de buscar la crítica

Ahora bien, no cualquier crítica sirve. Hay gente que critica solo para destruir, no para construir. Y ese tipo de crítica no te sirve para nada.

Lo que necesitás son personas que:

  1. Sepan más que vos en el área que querés mejorar
  2. Te quieran ver crecer genuinamente
  3. Sean específicos en lo que podés mejorar

Y si encontrás a alguien así, aferrate a esa persona como si fuera un tesoro.

Porque lo es.

Nota al margen: yo encontré a una persona muy especial para este rol. Paula, mi esposa. En nuestros primeros años pensé que me había casado con el enemigo. Criticaba mucho lo que hacía, pero era una crítica honesta y desde el amor. Sin duda, tengo que agradecerle mucho de mi crecimiento a ella por estar constantemente mostrándome dónde puedo mejorar.

Cómo convertir la crítica en combustible

Cada vez que alguien me señala un error, trato de hacer estos tres pasos:

  1. Respirar profundo (porque sí, el instinto inicial siempre es defenderse)
  2. Preguntar más para entender bien qué es lo que está mal
  3. Agradecer sinceramente por haberme ayudado a ver algo que yo solo no podía ver

Y después, a la noche, me siento y pienso: «¿Cómo puedo incorporar esto para ser mejor mañana?».

Esa rutina cambió completamente mi relación con el fracaso y la crítica.

No se trata de flagelarse

Ojo, que buscar la crítica no significa que tengas que ser tu peor enemigo. No es sano pasarte el día buscando tus propios errores y castigándote por ellos.

Se trata simplemente de estar abierto, de no tenerle miedo a la verdad, incluso cuando duele.

Como me dijo una vez un mentor: «El fracaso no es lo opuesto al éxito, es parte del camino hacia él».

El poder de la mentalidad de crecimiento

Carol Dweck, una psicóloga de Stanford, habla de dos tipos de mentalidades:

  • Mentalidad fija: Creen que sus habilidades son innatas y no pueden cambiar
  • Mentalidad de crecimiento: Creen que pueden mejorar con esfuerzo y práctica

Adivina cuál grupo le tiene más miedo a la crítica.

Exacto. Los de mentalidad fija ven cada crítica como un ataque a su identidad. Si fracasan en algo, significa que «son» un fracaso.

En cambio, los de mentalidad de crecimiento ven la crítica como información valiosa. Si fracasan, solo significa que «todavía» no dominan esa habilidad.

Por qué deberías ansiar el fracaso

Para cerrar, te dejo una idea que me cambió la vida:

Si no estás fracasando regularmente, probablemente no estás intentando cosas suficientemente difíciles.

El fracaso no es el enemigo. La mediocridad sí.

La zona de confort es una trampa disfrazada de recompensa. Te da seguridad, pero te roba crecimiento.

¿De verdad querés crecer? Entonces buscá situaciones donde puedas fracasar. Donde te critiquen. Donde te digan lo que hacés mal.

Es incómodo. A veces duele. Pero te prometo que del otro lado hay una versión de vos que vale la pena conocer.

¿Y vos? ¿Cómo manejás la crítica? ¿Tenés alguna estrategia para convertir el fracaso en aprendizaje? Me encantaría leer tus comentarios abajo.

Categorías
Personal

Volví

Casi dos años. ¡Dos años! Eso fue lo que me tomó volver a escribir en este blog.

Si estás leyendo esto, probablemente seas uno de los pocos valientes que todavía tiene este rincón digital en sus favoritos (o quizás Google te trajo hasta acá por algún post antiguo). En cualquier caso, ¡gracias por seguir dando vueltas por La Caja Multiuso!

¿Dónde estuve todo este tiempo?

Me gustaría decirte que estuve en un retiro espiritual en las montañas o explorando las profundidades del océano en busca de inspiración, pero la realidad es bastante más mundana (aunque no menos intensa).

Heaven creció. Y cuando digo que creció, hablo de un crecimiento que me tuvo corriendo de un lado para otro. Los que me conocen saben lo importante que es este proyecto para mí, y ver cómo se fue expandiendo me llenó tanto de orgullo como de responsabilidades nuevas.

Mientras tanto, comencé a ofrecer consultorías de marketing online para empresas de retail y luego a gestionar sus cuentas. Todo avanzó bastante rápido. De repente, me encontré asesorando a empresas de distintos verticales (informática, moda, motocicletas, instrumentos musicales, etc) y viendo cómo sus ventas online se multiplicaban gracias a las estrategias que implementábamos. Es una sensación increíble, no te voy a mentir.

Y por si todo eso fuera poco…

Llegó Nicolás

En julio de 2024, nuestra familia creció con la llegada de Nicolás, nuestro tercer hijo. Los que ya son padres entenderán que los meses previos y posteriores al nacimiento de un bebé son como entrar en una dimensión paralela donde el tiempo funciona diferente y el sueño se convierte en un bien escaso. Y para darle un pequeño condimento extra, se adelantó a su fecha 4 semanas. Así que estuvo bueno salir corriendo un jueves a las 4 AM a la guardia sin nada preparado 🙂 jajaja. Otro día les contaré la historia.

Nico en neonatología (gracias a Dios solo 4 días) comiendo a través de una sonda
Nico con 7 meses y comenzando a alimentarse solo.

Pero acá estamos, con tres pibes, empresas creciendo y yo pensando: «¿Sabés qué? Me hace falta escribir».

¿Por qué volver a escribir ahora?

Es una pregunta justa. Con todo lo que tengo entre manos, ¿por qué sumarle una actividad más?

La respuesta es simple: porque lo extraño.

Extraño ese momento de claridad que surge cuando organizás tus ideas para compartirlas. Extraño la disciplina que implica sentarse y escribir. Y extraño, sobre todo, esa sensación de que algo que aprendí o experimenté puede servirle a alguien más.

Qué esperar de esta nueva etapa

No voy a prometer publicaciones semanales ni una agenda estricta, porque aprendí (a los golpes) que prometer lo que no podés cumplir solo genera frustración.

Lo que sí puedo anticiparte es que voy a estar escribiendo sobre:

  • Productividad real: No la versión idealizada de YouTube, sino cómo ser productivo en medio del caos cotidiano.
  • Desarrollo personal: Lecciones que voy aprendiendo, errores que cometo y cómo intento ser mejor cada día.
  • Herramientas y sistemas: Apps, métodos y frameworks que me están ayudando a mantener la cordura mientras malabareo con múltiples responsabilidades.
  • IA aplicada: Cómo estoy estudiando y usando la inteligencia artificial para potenciar mi trabajo (y no, este post no lo escribió una IA… ¿o sí?).
  • Algunas reflexiones random: Porque a veces necesito volcar ideas que no encajan en ninguna categoría pero que valen la pena compartir.

Un pacto con vos (y conmigo)

Vuelvo con una mentalidad diferente. En lugar de ver este blog como una obligación más en mi lista de pendientes, lo veo como un espacio para pausar, reflexionar y compartir.

Si algo aprendí en estos dos años es que la vida no se detiene para que puedas seguirle el ritmo. O aprendés a moverte con ella, o te quedás paralizado por la presión.

Así que acá estoy, volviendo a La Caja Multiuso con más experiencia, con más canas (literalmente), con un hijo más, y con muchas ganas de reconectar con este espacio y con vos.

¿Me acompañás en esta nueva etapa? Dejame un comentario contándome qué te gustaría leer, o simplemente saludando para que sepa que seguís por acá.

Y si sos nuevo por estos lados, ¡bienvenido! Ojalá encuentres algo valioso en lo que comparto.

¡Nos leemos pronto!

Categorías
Productividad

Mentalidad de automatización

Tengo algo personal contra las tareas repetitivas. Cada vez que veo que estoy haciendo una tarea que se repite una alarma se dispara dentro de mí y se pregunta «¿por qué hago esto una y otra vez?«.

Es que en muchas de las acciones que realizamos a diario podemos automatizar procesos para ganar más tiempo y productividad. Mi premisa es «si lo puede hacer una máquina entonces yo no debo hacerlo». Obviamente no siempre se puede. Pero lo importante es tener esta mentalidad de automatización.

Hoy en día contamos con muchas herramientas que nos ayudan a automatizar tareas. Todavía recuerdo la primera vez que vi el sitio IFTTT (If this, then that) y sentí como…

Así es básicamente cómo funciona una automatización: ante un evento -que será el disparador de la automatización- se ejecutan una o varias tareas. Voy a dejarte algunas para que puedas experimentar.

IFTTT

Comenzamos por la ya mencionada IFTTT. Fue la primera herramienta que conocí para automatizaciones hace ya varios años. El pan gratuito permite muy pocas automatizaciones, pero te puede dar ideas.

IFTTT (If This, Then That) permite crear «recetas» para conectar diferentes servicios y dispositivos en línea. Por ejemplo, podríamos crear una receta que publique automáticamente un mensaje en las redes sociales cuando se publique un nuevo artículo en el blog.

Zapier

Zapier es quizá uno de los servicios más conocidos e importantes para automatizar tareas. Esta herramienta de automatización nos permite conectar y automatizar acciones entre diferentes aplicaciones y servicios web. Con Zapier, es posible crear «Zaps» que establecen una serie de desencadenantes (triggers) y acciones (actions) para que cuando ocurra un evento en una aplicación, se desencadene automáticamente una acción en otra aplicación

Cuenta con más de 5.000 integraciones, así que probablemente encuentres la mayoría de las apps con las que trabajas. Tiene una versión gratuita que te permite ejecuta 100 tareas al mes, pero de 1 solo paso.

Selenium

Selenium es una popular herramienta de automatización de pruebas que también puede ser utilizada para automatizar tareas en el día a día. También es posible interactuar con sitios web y realizar acciones repetitivas de forma automatizada.

Un ejemplo práctico sería la automatización de la extracción de datos de una página web. Selenium puede ser programado para navegar a una página web específica, buscar elementos específicos como precios de productos o información de contacto, y extraer esos datos de forma automática. Esta automatización puede ser especialmente útil para profesionales que necesitan recopilar regularmente información de múltiples fuentes en línea, como analistas de mercado o investigadores. importantes.

Automator

Automator es una herramienta integrada en el sistema operativo de Mac que permite crear flujos de trabajo y automatizar tareas en el sistema operativo. Con Automator, es posible crear acciones personalizadas utilizando una interfaz gráfica intuitiva.

Habitualmente la utilizo para hacer operaciones batch sobre archivos. Cambiarles el nombre, el formato, tamaño, etc…

Es cuestión de conocer la herramienta y ver cómo puede ayudarnos en cada caso de uso en particular.

En este link nos cuentan sobre 10 tareas cool (?)que se pueden implementar.