Levante la mano a quién no le asignaron o tuvo que hacer algo aburrido, denso o molesto en el trabajo (o en la casa). Esas cosas que provocan que tus pies o manos pesen toneladas y que te arrastres como una babosa mientras intentas realizarlas.
Hace años un mentor me compartió una pregunta que fue clave para desbloquear este tipo de momentos.
¿Qué hay para mi en esto?
La idea es simple. En vez de concentrarme en lo molesto del asunto, el foco pasa a: «¿Qué puedo ganar yo de esta experiencia?»
Y esa simple pregunta cambió todo.
Lo que antes veía como una pérdida de tiempo, ahora lo veía como una oportunidad para dominar un proceso que ninguno de mis colegas conocía. Me convertí en «el experto» en algo que todos evitaban. ¿El resultado? No solo ganó mi curriculum, sino que mi posición en la empresa se fortaleció.
Mentalidad «¿qué hay para mi?» en el día a día
La próxima vez que te toque hacer algo que no te copa mucho, probá hacerte estas preguntas:
- ¿Qué nueva habilidad puedo aprender o desarrollar con esto?
- ¿Qué contactos o relaciones me van a quedar en el proceso?
- ¿Cómo me posiciona esto frente colegas en mi industria?
- ¿Qué conocimiento nuevo y valioso voy a adquirir?
El trámite engorroso que se transformó en expertise
Te comparto algo que me pasó: hace unos años tuve que dar de alta y configurar un Business Manager de Meta. Para el que lo hizo alguna vez, puede ser algo un poco abrumador la primera vez. Uno ya estaba acostumbrado a los roles de páginas y cosas así.
En lugar de quejarme, me pregunté: «¿Qué hay para mí en esto?»
La respuesta fue clara: al dominar ese proceso complicado, podría asesorar a futuros clientes y ofrecerles un mejor servicio. Lo que comenzó como una tremenda molestia terminó convirtiéndose en algo que manejo muy bien gracias a la cantidad de veces que tuve que hacerlo. Esto es un servicio adicional que ofrezco y que me distingue de mis competidores.
Nota para Meta: dejen de cambiar siempre todo. jajaja
Transformando obstáculos en escalones
Cuando adoptás esta forma de pensar, estás haciendo dos cosas poderosas:
- Transformás lo obligatorio en opcional: psicológicamente, ya no sentís que «tenés que» hacer algo, sino que «elegís» hacerlo por los beneficios que te traerá.
- Creás un círculo virtuoso: cada tarea difícil te deja algo valioso, lo que hace que la próxima sea más fácil de encarar con positividad.
Más allá del trabajo…
Esta mentalidad no se limita al ámbito laboral. En realidad es aplicable en todas las esferas de la vida.
- Tareas hogareñas: ¿Tenés que limpiar la casa? Quizás es la oportunidad perfecta para escuchar un podcast o de ordenar por fin el placard para dejar lugar para lo nuevo.
- Reuniones familiares: ¿Una reunión familiar que preferirías evitar? Tal vez sea el momento ideal para charlar con esa persona de la que no sabés nada.
- Trámites: Cuesta encontrar algo en esto jajaja pero cada proceso que dominas es algo que podés compartir. ¿Quién no tuvo al primer valiente en comprar online en USA alguna vez y hacer los trámites en aduana?
Un cambio de perspectiva que necesitás para crecer
Lo más fascinante de preguntarte «¿qué hay para mí en esto?» es cómo cambia radicalmente tu enfoque: de víctima de las circunstancias a arquitecto de tu propio desarrollo.
En un mundo cada vez más competitivo, esta habilidad de encontrar valor personal en cada tarea puede ser la diferencia entre sentirte estancado o en constante crecimiento.
¿Por qué funciona tan bien?
Esta técnica funciona porque conecta directamente con nuestra motivación intrínseca. Cuando vemos un beneficio personal claro, nuestro cerebro libera dopamina, haciéndonos sentir más motivados y satisfechos.
No se trata de ser egoísta, sino de reconocer que para dar lo mejor de nosotros en cualquier tarea, necesitamos encontrar un propósito personal.
Comenzá hoy
Te propongo un desafío: elegí esa tarea que venís postergando (todos tenemos alguna) y preguntate sinceramente: «¿Qué hay para mí en esto?«. Puede sorprenderte lo que descubras.





